Comunidad Inga Musuiuiai

La comunidad de Musuiuiai está ubicada en la vertiente oriental de la cordillera Oriental, en Putumayo. ©CEMI | Fotografía por Samuel Monsalve.

Mama Josefina Quinchoa

A comienzos de los años noventa del siglo pasado, la mama Josefina Quinchoa emprendió un viaje en búsqueda de nuevas tierras. Las últimas décadas habían traído enormes dificultades para las familias indígenas de Villagarzón, en Putumayo: la llegada de colonos y de ejércitos irregulares generaba tensiones por la tierra y ponía en peligro la espiritualidad, la cultura, el gobierno propio y los medios de sustento de los pueblos indígenas que habían custodiado estos territorios desde siglos atrás.

Durante meses, mama Josefina recorrió los montes con su esposo Crisanto Muchavisoy y algunos de sus hijos. Atravesaron montañas, valles y ríos en busca de un lugar tranquilo. Después de varios viajes de reconocimiento por distintos municipios llegaron a un sitio del que años atrás le había hablado su padre, el médico tradicional Domingo Quinchoa. Un lugar de tierras y aguas abundantes entre los ríos Conejo y San Juan, donde finalmente decidieron quedarse.

Desde pequeños, los niños aprenden a pescar y limpiar los peces que encuentran en los ríos y quebradas del territorio. ©CEMI | Fotografía por Angélica Martínez Alfonso.

La comunidad inga de Musuiuiai

Enclavada entre bosques, lomas y ríos, la comunidad de Musuiuiai está conformada por familias de la etnia inga. Su nombre traduce ‘pensamiento joven’ puesto que la componen personas dispuestas a vivir la tradición con una mirada nueva que invita a todos, incluidos los niños, a participar activamente en el cuidado de la cultura y el territorio.

Javier Muchavisoy y su hijo Jasán Muchavisoy participan en los talleres de capacitación en monitoreo de biodiversidad y comunicación para la divulgación comunitaria. ©CEMI / Ana María Zuluaga.

Han transcurrido casi tres décadas. Día a día trabajan con entusiasmo para conocer, proteger y hacer prosperar el territorio al que denominan Nunkanchipa Alpamama, que quiere decir ‘Nuestra Madre Tierra’. Si bien la máxima autoridad social, médica y espiritual es la mama Josefina, ella misma los ha invitado a que ejerzan su derecho a la autonomía organizándose bajo tres tipos de autoridades: el cabildo, como autoridad política; el Consejo de Mayores, como autoridad espiritual, y los guardianes del territorio, como autoridad territorial. Además, ha invitado a los jóvenes a aprender la medicina tradicional, fundamento de la cultura inga del piedemonte amazónico.

Antoni Muchavisoy, miembro de la guardia territorial, ha participado en los talleres y expediciones de reconocimiento del territorio. ©CEMI | Fotografía por Ana María Zuluaga.

Los alpamamata michadur

El cabildo ha conformado el grupo de guardianes del territorio llamados en lengua alpamamata michadur, que traduce ‘defensores del territorio’. Los niños, jóvenes, mujeres y autoridades que participan en la guardia deben conocer y hacer cumplir el reglamento interno y el mandato de uso y manejo del territorio.

Con el acompañamiento del CEMI, y gracias al apoyo del proyecto Territorios de vida, los alpamamata michadur recorren los bosques, verifican y amojonan los linderos y reconocen las especies animales y vegetales que lo habitan. Desde hace varios meses han iniciado un proceso de fortalecimiento de la guardia y la construcción de un plan de monitoreo con el fin de determinar la salud de la naturaleza observando y monitoreando la presencia de árboles, palmas y animales grandes como la danta, el jaguar y el oso de anteojos. Para ello, están recibiendo capacitaciones en el uso de herramientas del mundo occidental, a la vez que continúan fortaleciendo sus conocimientos tradicionales.

Ruber Muchavisoy ha heredado la tradición de la medicina tradicional del pueblo inga. Experto en plantas medicinales, participa en las expediciones para caracterización de fauna y flora apoyadas por Territorios de vida. ©CEMI / Angélica Martínez Alfonso.

Maribel Jiménez es una de las participantes en las expediciones de exploración y monitoreo del territorio ancestral. ©CEMI / Angélica Martínez Alfonso.

Por mandato espiritual, el plan de monitoreo debe hacerse por debajo de los 2000 metros, pues a partir de esta altura son los espíritus de la montaña los encargados de cuidar el territorio. Así es como los miembros de la comunidad continúan viviendo plenamente su tradición indígena y garantizan la transmisión del conocimiento a los jóvenes que honran su pasado y trabajan por el futuro de su territorio de vida.

Este proyecto es posible gracias al apoyo generoso del pueblo de Estados Unidos, a través de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID). El contenido de este sitio es responsabilidad del Centro de Estudios Médicos Interculturales y no necesariamente refleja el punto de vista de USAID o del gobierno de Estados Unidos.


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